VICTORIA ROMERO LÓPEZ
Por:
Marina Aguilar Romero del segundo año grupo “C”
En el mundo existen mujeres buenas con las que
puedes tener un hombro para llorar, la que te dice en un momento difícil que
ella estará ahí, la que te demuestra que eres importante para ella, la que sabe
que estas triste y te dice “¿quieres un abrazo?”, ella no sabe realmente lo que
estas sintiendo, pero créeme que te ofrecerá su mejor versión porque sabe que la
necesitas; sobre todas las cosas nunca te va a abandonar y te dirá “un te
quiero” sincero; ella es un ejemplo de todo lo que antes he mencionado.
Su historia comienza un 25 de
febrero de 1880, el día en que nació y también el día en que su madre fue abandonada por aquel hombre que ella nunca pudo llamarlo “padre”.
Seguía creciendo como cualquier niña, sus sueños
eran cada vez más grandes; además todo se reflejaba cuando entró a la primaria a los 10 años;
se sintió tan bien de poder salir adelante. Ir a la escuela era su mayor anhelo.
A los 16 años se graduó de la primaria, para
ella fue un gran logro; quería seguir estudiando para superarse, pero en la
secundaria no la aceptaron por la edad que tenía. Fue una piedra más en su
camino de ser alguien mejor, pero fue uno más de los obstáculos que pudo
superar.
Consiguió un trabajo para apoyar en los gastos
de su casa, fue ahí donde conoció a aquel joven que le lleno su vida de
alegría, fue un gran apoyo para ella.
A los 19 años, decidió formar una familia considera ella que fue la mejor
decisión que pudo haber tomado. Al estar viviendo juntos tuvieron a su primera
hija fue difícil adaptarse a las horas de desvelo, pero pudo hacerlo.
Tuvieron
3 hijas más y un hijo que hoy son su más grande orgullo. Trata de que sus hijos
sean unas personas con principios y valores para hacer la diferencia en el
mundo, también se siente orgullosa de que sus hijos tengan buenas calificaciones y se siente feliz con la vida que lleva.
No se
arrepiente de la vida que tuvo cuando era pequeña porque supo salir adelante
con optimismo.
Ella es
un claro ejemplo de que podemos levantarnos de las tantas caídas que podamos
tener en la vida. Cada tropiezo que tengamos, es una enseñanza y una motivación
de decir ¡yo puedo lograrlo! Animo tú puedes cambiar el rumbo de tu vida.

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